La rutina. Lo previsible.Pero también lo inerte. Estático.
Lo viejo conocido...
De eso nos quejamos, y la queja es evidencia.
Reafirma la posición.
Nos sentimos medio liberados por verla y reconocerla: ahí está, aquí estoy yo.
Esquizofrenia.
Eso que arrastramos pero creemos que nos arrastra.
Rebautizada en la intimidad: esa cosa llamada comodidad, seguridad. TranQuiLiDad.
Susurros mudos que no se atreven a gritar.
¿Es un durante? ¿Un mientras tanto?
¿Estamos esperando algo?
Hablo de la rutina y no de necesidad.
Qué, de lo que hacemos hoy, está buscando cambiar.
¿Riesgo? ¿De liberarnos del ancla que nos atrapa, la que cargamos por cargar?
¿No será, acaso, que la rutina nos deshumanizó al punto de no saber qué buscar?
Hacia dónde. Qué y cuándo. Qué sería lo ideal.
Y ante esa incertidumbre, elegimos no buscar. Sólo para distraernos de que estamos por estar.
Evadirse. Elegir no pensar.
Resignación hacia un mero durar.
Y de vuelta a empezar.
Rutina y queja.
Eso sí, marcando las "rutinas" de los demás.
Buscate, como yo, un espejo.
Mirate a los ojos.
Decite la verdad.
Es eso, eso que ves. Ninguna otra fantasía ó especulación.
Lo que hacés.
Hagámonos cargo y ya.
...ó empecemos a intentar cambiar.