Introducción III. La única verdad es la planillidad

-Sí, Irma, con todo gusto podríamos ayudarte a falsificar la firma...
La burocracia (o los burócratas, sus autores materiales) tiene esas cosas: a veces se permite sus licencias. De repente uno se descubre corriendo en un en un pasillo gris, en un edificio gris, entre oficinas de lo más grises pobladas por vegetales grises, porque es presionado a firmar en tiempo y forma un papel que certifique la presencia de uno en su oficina en el horario indicado.
No es sólo la gravedad de dejar de hacer cualquier cosa que uno esté haciendo (trabajo, en cualquiera de sus formas) para acudir al rescate del papel, siempre más urgente. El papel incluso antes que la realidad: no importa que uno haga bien o mal lo que tiene que hacer, no importa siquiera que uno esté o no en el lugar que el papel certifica, nada le quitará el sueño al edificio gris mientras haya papeles que certifiquen que las cosas están donde deben estar.
Es la dictadura del papel.
Es la opresión que hace que la ontología del papel sea notablemente más imponente que la humana.
Es la dictadura del sistema puesta en una hoja entintada.
Y una burócrata, que no es más que una feliz servidora de nuestro dictador, apuntándonos con su planilla.
Y ahora buscando nuestra complicidad para esquivar el tiro que le sale por la culata.
La burocracia tiene esas cosas: a veces nos permite sus licencias. Pero sólo cuando ella lo decide. El amo pide la mano al esclavo.
- Sí, Irma, con todo gusto podríamos ayudarte a falsificar la firma... pero sucede que no sabemos cómo es. Si te fijas entre tus papeles seguramente encontrarás alguno que le hayas hecho firmar a Rogelio cuando aún vivía.

Introducción II. La vida irmarizada

Pero los estereotipos tienen siempre algo de inverosimilitud. Tendríamos que aclarar que todo lo aquí narrado se inspira en nuestra realidad. Porque impresiona cruzarte a diario, en carne y hueso, una caricatura exacerbada de una tipificación. Aquello que resulta poco creíble cuando aparece en la ficción.
Si nos hubieran visto celebrar la supuesta licencia que Irma se tomaba al querer falsificar. ¡Oh!
¡Tiene algo de criterio propio! ¡Pudo advertir que el sistema estandarizado no es vehículo sino obstáculo! ¡Iniciativa rebelde al procedimiento que le dice que la firma es única y personal!
Error.
Irma sabe que antes que el trabajo ó que el trabajador… antes que el mediocre sentido común o antes que la divina Creación está la planilla, el sello y la firma. ¡Si le falta eso es SU error! Falsifica, vende el alma al infierno de la humanización cuando advierte su pecado. Justo ella, la canonizada de la burocratización.
Horacio, fiel discípulo, no puede dejar de tener su mención:
“Este tipo de nota les va a llegar casi todos los días. Ustedes tienen que responderla con este formato”.
Renunciando a la posibilidad que entiendan lo inútil de enviarnos notas todos los días para decirnos cosas que podemos arreglar personal ó telefónicamente, aprendimos a decirles a todo que sí.
Respondemos con el formato indicado y llevamos la nota al mundo Irmarizado. Horacio instruye a la representante insurrecta que le enviamos:
-Te falta el remito
-¿Qué remito? –se asombra ella que, ingenua, había pensado que con sólo responder la nota iba a salir del laberíntico agujero de la burocracia tutelar.
-El que dice que yo recibí tu respuesta a mi nota. Es para que vos te cubras de que la entregaste, es por tu bien.
-No te preocupes. Prefiero no cubrirme, correr el riesgo.
-No. Tenés que traer el remito que diga que yo recibí tu nota y yo lo tengo que firmar. Es así.
Fue. Hizo el ridículo papel que se supone que es por su bien. Volvió.
-Acá está el remito que me cubre acerca de que vos recibiste mi respuesta a tu nota.
-Ah, pero falta una copia del remito –advierte casi orgulloso Horacio, como si detectar las faltas al reglamento le sumara prestigio.
-¿Una copia? –pregunta ella, al borde de la desesperación desesperanzada.
-Si, copia que me queda a mí para que yo me cubra de que firmé el remito que te cubre de que me entregaste la respuesta a mi nota.

Introducción I. ¿Hacemos un blog?


La mesa redonda estaba llena de desperdicios, migas por todos lados. Las bandejas de plástico un poco deformadas nos daban una idea de lo que estaba haciendo esa salsa viscosa con nuestro estómago.
En la sobremesa retomamos la idea de hacer un blog. Después de varios intentos de remarla contra nuestra propia nada, después de irnos cada uno a su rincón cual balseros antiimperialistas, parece que esta vez vemos la orilla.
Sobre qué era el interrogante.
El para qué lo fulminamos en el preciso momento en que asomó su cabeza ideológica.
No tuvimos más que ver(nos) a nuestro alrededor. Este mundo estandarizado está lleno de estereotipos. Pero algo sucede que ese orden previsible hace que los estereotipos no sean tan visibles, pero aún así reconocibles.
En ese momento y sin mediar frotación alguna de ningún elemento mágico apareció Irma. Ese espécimen que dieron a luz a través de nota administrativa y sumario notarial. Esa costilla del hombre burócrata. Antídoto defensor del statu quo. Irma misma es una factura vencida. Una factura consumidor final. Vigilante sin crema es sacramento. ¿por qué no hay medialunas de grasa con dulce de leche?
Entra Irma y sin pedir permiso elige la mejilla de Minoría de Uno y le estampa un beso que le deja algo de saliva. ADN sexagenario le cuelga ahora a Minoría de su mejilla.
Preocupada, siempre con un formulario, nota, planilla en la mano arremete: quiere falsificar la firma del difunto Rogelio.