La gota


Las puertas se abrieron en la estación Medrano. Miró para un lado, para el otro y entró. Volvió a girar la cabeza para ambos lados y enfiló para la puerta de enfrente. Apoyó su trasero, notó que era objeto de miradas. Con cara de poker hizo caso omiso y se sentó en el piso. Un pequeño suspiro se le escapó, acto seguido se acostó en el suelo para dormirse profundamente.
Me preguntaba si sabía dónde bajarse como para relajarse de tal manera. Pero es verdad que uno tiene como un reloj automático, varias veces me pasó de despertarme justo cuando se abren las puertas en la estación que debía bajarme.
La cuestión es que me puse a pensar que para la dirección que nos dirigíamos, y si se dignaba a bajar antes de que el subte vuelva a rebotar, iba a terminar ¡en el microcentro!
Su vida iba a cambiar drásticamente. Me lo imaginaba subiendo las escaleras y de repente encontrarse con ese inmenso tronco blanco en el medio de la 9 de julio.
Si subió en Medrano venía de un barrio como Almagro. Muchos edificios pero con cierto aire a barrio, donde uno todavía suele cruzarse con perros vagabundos. En cambio en el microcentro, hay que estar meado por los elefantes para pisar una caca perruna.
Pero lo que me perturba es no saber dónde está en este momento.
El microcentro no tiene más lugar, los autos van por las avenidas pegados como una masa uniforme. La imagen de los trenes desbordados son la imagen de esta ciudad que rebalsa.
Ahora me pregunto si ese perro, marrón, con heridas de guerra callejera, no será la gota que rebalse el vaso...

Razonamiento Deductivo

Si A dicen B, entonces C.
A = los Kirchner
B = "Los medios atentan contra nosotros"
C = "Vamos por la ley de radiodifusión para evitar que siga el mono-oligopolio del mensaje".

No. A ver. Intentemos de nuevo.

Si A dicen D, entonces E.
A
= Los Kirchner
D = "Casi como terroristas, los medios agrupados en pocas manos repiten un discurso desestabilizador que no refleja la verdad"
E = "No les renovamos por ley el permiso que les permite tener el mono-oligopolio del mensaje, para abrir el espacio de los medios a la comunidad toda"

Mmm... Parece que no. ¿Será así?

Si A dicen B ó D, entonces H.
A = Los Kirchner
B = "Los medios atentan contra nosotros"
D = "Casi como terroristas, los medios agrupados en pocas manos repiten un discurso desestabilizador que no refleja la verdad"
H = "Decir B ó D queda bonito. Cajoneamos la Ley de radiodifusión porque si la comunicación se descentraliza y entran en la escena oficial distintas voces, nos coarta la posibilidad de operar a dos ó tres dueños de todos los medios para que digan lo que queremos que digan. Si nos cuesta ahora, Néstor, imaginate. Que nos piden más y más plata extorsionándonos con publicar nuestras bajezas, pero son dos o tres. Yo lo dejo así, querido. Andá a comprar facturas y traete una Barcelona... ¡es re divertida!".

La verdad, no sé cómo aprobé Pensamiento Científico.

Un mazzazo para BA


Te cazo al vuelo



Voy apurado por el microcentro. Trato de escaparle a su sofocante y omnipresente sensación térmica: 34º. Más quiero huirle, más me acosa. Pareciera que fuera como este sistema de vigilancia extrema que avanza cada vez más. Y no crean que exagero, esperen al próximo nueve de diciembre, fecha principesca si la habrá.

Cazo al vuelo el mensaje invisible pero implacable: debo ir cauto por el microcentro si no quiero terminar ahogado.

Me sumerjo en las entrañas del monstruo. Línea B dice el cartel.
Pido permiso al molinete, duda, me retiene por segundos la tarjeta de cartón. Finalmente me deja pasar, pero me imprime un cero en el pase. Cazo al vuelo también este mensaje: la próxima no paso. Y como no voy a ponerme a discutir lo injusto de su decisión (es fin de mes y no tengo ni para- justamente- viajar), paso masticando bronca.
En ese instante levanto la cabeza y un tufo me invade de repente. Resoplo y tomo envión para enfrentar la marea de anónimos y anónimas que están dispuestos y dispuestas a ganarse un lugar en ese encastre humano.

Bajo las escaleras. Una pregunta que va acompañada de una voluntad oscura y tal vez inmanejable se me presenta de pronto: ¿qué pasa si empujo al yuppie que tengo adelante?
Termino de bajar y el hombre trajeado deja ver su costado humano que me solidariza: su camisa está tan transparente como seguro deben estar sus sábanas. Y sus cortinas. Y sus toallas. Sus suelas.
Pero su rostro está fastidiado, pero no parece ser un fastidio momentáneo. Ese rostro porta agresión en sus gestos.
Al terminar de bajar de las escaleras nos vamos ubicando todos en el anden con un desorden pautado.

Llega el subte cual cadena de producción. Solícitos accedemos. Nos empujamos porque sabemos que el tiempo que tenemos nunca es el suficiente. Un pitido suena, cazo al vuelo también esta señal: saco pecho y a puro topetazo me hago lugar.
Somos muy extraños los humanos, tenemos leyes de convivencia que vaya uno a saber cómo y por qué se ponen en común. Si yo hubiese puesto las manos delante, quien recibía el empujón seguro me hubiese mirado mal. Pero como mi cuerpo se comportó como si otra cosa no le quedara quedé eximido de culpa.
Arranca y ese torpe sacudón nos acomoda un poco.
Pasamos la primera estación y en la segunda, con las puertas que se demoran abiertas, escuchamos por los parlantes que dicen que el servicio está con demora.
Algunos resoplan, otros se inquietan, otros parece no haber escuchado.
Es momento para los comentarios, si hubiese apostado habría ganado. Una señora mayor (que no es lo mismo que una viejita o abuela) pica en punta:
- ¡Qué barbaridad, siempre lo mismo!
Se abre un instante, un segundo en que el comentario quedó en soledad. Rebotando por ahí.
Un hombre de unos cincuentilargos, de chomba y maletín recoge el guante:
- Sí, siempre lo mismo. El otro día le pegaron a uno.
- Una barbaridad, como si los trabajadores tuvieran la culpa- dijo la señora, que no era una viejita pero que de repente se me transformó en una abuela.
- Que no van a tener la culpa, ganan más que yo que soy profesional. ¿Cuánto quieren ganar? Trabajan 6 horas. ¡Por favor!- termina su frase dirigiéndose a la abuela que sofocada se nota derrotada como para ensayar un disgusto en sus gestos. Aún así yo lo veo en sus ojos.
Entre una pasividad que me viene del centro, del microcentro, y una ebullición que habrá nacido en las periferias, lo miro con odio a este señor. Caza al vuelo el mensaje.
Sin apenas dejarme soltar mis argumentos, se corre precavido hacia la otra puerta. Así es como debe haber pasado su juventud en los setenta.

Cuán precarios somos, pienso. Y me pongo a pensar de dónde me viene la idea. Si de verme los cordones desatados o de esta situación cotidiana.

Llego a mi estación, veo su nombre pasar por la estación. Malabia... ¿será un presagio ese nombre?
Apenas bajo me corro a un costado y me ato los cordones.
Me incorporo y a lo lejos veo al profesional que se hace lugar a los empujones en la escalera mecánica. Pero se le hace fácil, porque delante de él va el yuppie ajado, aún más decidido.

Salgo de la fosa con una pregunta:
¿Cuál de estos personajes es capaz de pegarle a un trabajador del subte?