
Esto no puede ser.
Reunión.
¿Alguien sabe qué derechos laborales están contemplados en este trabajo en particular?
Y nadie se sorprende al notar que, repentinamente, conoce todas sus obligaciones y deberes.
¡No podemos ser tan ingenuos!
Me propongo conseguir nuestros derechos. No se entusiasmen, tanto empuje ya no queda dentro de esta máquina de transformar personas en números. Sólo me propongo conseguir una copia de los derechos que se supone están contemplados en este trabajo.
Pero antes, hurgo en el imaginario de todos los que los desconocen (esto es: todos los consultados): “Creo que tenemos 15 días al año por exámenes”. “Por enfermedad te dan unos veinte días al año, me parece”. “¿Habrá días por mudanza?”.
Luego de meses (si, me-ses) de haberme propuesto conseguir esto –es verdad que sin empecinamiento, como con desdén-, llegué a dos conclusiones: la primera es que a nadie se le había ocurrido, hasta mi pregunta, preguntarse sobre sus derechos. La segunda es que, sin proponérmelo, estaba sembrando la semillita de esa pregunta.
Voy por el pasillo y me llama La Rubiecita de la otra punta del edificio. Me dice que, finalmente, encontró nuestros derechos laborales... ¡en internet!
Muchas hojas de “no-derechos” sino de explicaciones burocráticas.
Paso, paso, paso todas esas hojas.
Acá está, página 6. ¿Qué hubieran buscado ustedes primero? Yo, “Licencias”: de 14 a 35 días de vacaciones según la antigüedad; 45 días corridos por año por afecciones comunes (no eran 20, eran más); 15 días por enfermedad de familiar a cargo; 5 días corridos por exámenes y un total de 28 días al año (no eran 15, eran más); 1 día por donación de sangre.
Por maternidad, 45 días antes, y 60 días posteriores; por adopción, 90 días corridos; 2 horas diarias por lactancia; 3 días por nacimiento de hijo; 10 días corridos por matrimonio; Por enfermedad de largo tratamiento hasta 2 años; 3 días por fallecimiento de cónyuge, hijos, nietos, padres ó hermanos.
Y bueno, no son todos los derechos pero aquí están las licencias. Estas dos carillas y media están insertas entre las veintidós carillas de esta ley que leeré con tiempo.
Lo menos llamativo de todo esto es lo previsible que resulta, a veces, el modo tan obvio en que el sistema nos incrusta las obligaciones... y que había dibujado, al menos en el imaginario de las personas a las que había consultado previamente, la mitad de los derechos que les corresponden.
Bueno, decir “la mitad” es ser demasiado optimista.
Los dejo... me voy a donar sangre.