
Las puertas se abrieron en la estación Medrano. Miró para un lado, para el otro y entró. Volvió a girar la cabeza para ambos lados y enfiló para la puerta de enfrente. Apoyó su trasero, notó que era objeto de miradas. Con cara de poker hizo caso omiso y se sentó en el piso. Un pequeño suspiro se le escapó, acto seguido se acostó en el suelo para dormirse profundamente.
Me preguntaba si sabía dónde bajarse como para relajarse de tal manera. Pero es verdad que uno tiene como un reloj automático, varias veces me pasó de despertarme justo cuando se abren las puertas en la estación que debía bajarme.
La cuestión es que me puse a pensar que para la dirección que nos dirigíamos, y si se dignaba a bajar antes de que el subte vuelva a rebotar, iba a terminar ¡en el microcentro!
Su vida iba a cambiar drásticamente. Me lo imaginaba subiendo las escaleras y de repente encontrarse con ese inmenso tronco blanco en el medio de la 9 de julio.
Si subió en Medrano venía de un barrio como Almagro. Muchos edificios pero con cierto aire a barrio, donde uno todavía suele cruzarse con perros vagabundos. En cambio en el microcentro, hay que estar meado por los elefantes para pisar una caca perruna.
Pero lo que me perturba es no saber dónde está en este momento.
El microcentro no tiene más lugar, los autos van por las avenidas pegados como una masa uniforme. La imagen de los trenes desbordados son la imagen de esta ciudad que rebalsa.
Ahora me pregunto si ese perro, marrón, con heridas de guerra callejera, no será la gota que rebalse el vaso...
Me preguntaba si sabía dónde bajarse como para relajarse de tal manera. Pero es verdad que uno tiene como un reloj automático, varias veces me pasó de despertarme justo cuando se abren las puertas en la estación que debía bajarme.
La cuestión es que me puse a pensar que para la dirección que nos dirigíamos, y si se dignaba a bajar antes de que el subte vuelva a rebotar, iba a terminar ¡en el microcentro!
Su vida iba a cambiar drásticamente. Me lo imaginaba subiendo las escaleras y de repente encontrarse con ese inmenso tronco blanco en el medio de la 9 de julio.
Si subió en Medrano venía de un barrio como Almagro. Muchos edificios pero con cierto aire a barrio, donde uno todavía suele cruzarse con perros vagabundos. En cambio en el microcentro, hay que estar meado por los elefantes para pisar una caca perruna.
Pero lo que me perturba es no saber dónde está en este momento.
El microcentro no tiene más lugar, los autos van por las avenidas pegados como una masa uniforme. La imagen de los trenes desbordados son la imagen de esta ciudad que rebalsa.
Ahora me pregunto si ese perro, marrón, con heridas de guerra callejera, no será la gota que rebalse el vaso...
5 comentarios:
qué lindo el microcentro, a veces lo extraño...
Yo no lo extraño ni loca. Sera porque trabaje ahi durante un año??? en fin, seguro venia de almagro..
me puedo robar la foto del perro en el subte?? veras... me dio ternura, soy una mujer bobita, vio?
besos!
Pobre perro... de todos los lugares donde podría haber ido a parar terminó en el subte... aparentemente no cortaron el servicio, no? Porque una vez se subió un perro en la línea A y nos hicieron evacuar la estación. Ridículo.
Besos!!
Tantos efectos (como el de la mariposa) se deben poner en juego a la hora de definirse el itinerario del perro vagabundo...
No creo que haya nadie más a merced de la teoría del caos que el perro callejero.
Igual yo nunca descarto la miseria humana...
Te invitamos a conocer el fracaso literario menos resonante de todos los tiempos: Ferrante Kramer, el Peruano Dorado. Un escritor latinoamericano fracasado, autor de La Bliblia Peruana y una veintena de libros jamás leídos. Estamos en http://ferrantekramer.blogspot.com/. Esperamos hacerte reír un buen rato.
Patricio
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