Introducción II. La vida irmarizada

Pero los estereotipos tienen siempre algo de inverosimilitud. Tendríamos que aclarar que todo lo aquí narrado se inspira en nuestra realidad. Porque impresiona cruzarte a diario, en carne y hueso, una caricatura exacerbada de una tipificación. Aquello que resulta poco creíble cuando aparece en la ficción.
Si nos hubieran visto celebrar la supuesta licencia que Irma se tomaba al querer falsificar. ¡Oh!
¡Tiene algo de criterio propio! ¡Pudo advertir que el sistema estandarizado no es vehículo sino obstáculo! ¡Iniciativa rebelde al procedimiento que le dice que la firma es única y personal!
Error.
Irma sabe que antes que el trabajo ó que el trabajador… antes que el mediocre sentido común o antes que la divina Creación está la planilla, el sello y la firma. ¡Si le falta eso es SU error! Falsifica, vende el alma al infierno de la humanización cuando advierte su pecado. Justo ella, la canonizada de la burocratización.
Horacio, fiel discípulo, no puede dejar de tener su mención:
“Este tipo de nota les va a llegar casi todos los días. Ustedes tienen que responderla con este formato”.
Renunciando a la posibilidad que entiendan lo inútil de enviarnos notas todos los días para decirnos cosas que podemos arreglar personal ó telefónicamente, aprendimos a decirles a todo que sí.
Respondemos con el formato indicado y llevamos la nota al mundo Irmarizado. Horacio instruye a la representante insurrecta que le enviamos:
-Te falta el remito
-¿Qué remito? –se asombra ella que, ingenua, había pensado que con sólo responder la nota iba a salir del laberíntico agujero de la burocracia tutelar.
-El que dice que yo recibí tu respuesta a mi nota. Es para que vos te cubras de que la entregaste, es por tu bien.
-No te preocupes. Prefiero no cubrirme, correr el riesgo.
-No. Tenés que traer el remito que diga que yo recibí tu nota y yo lo tengo que firmar. Es así.
Fue. Hizo el ridículo papel que se supone que es por su bien. Volvió.
-Acá está el remito que me cubre acerca de que vos recibiste mi respuesta a tu nota.
-Ah, pero falta una copia del remito –advierte casi orgulloso Horacio, como si detectar las faltas al reglamento le sumara prestigio.
-¿Una copia? –pregunta ella, al borde de la desesperación desesperanzada.
-Si, copia que me queda a mí para que yo me cubra de que firmé el remito que te cubre de que me entregaste la respuesta a mi nota.

1 comentario:

Anónimo dijo...

La descripción es desesperantemente real y aplicable a cualquier oficina.
Felicitaciones por aprovechar las vetas para escapar de la rutina obligada.
Saludos de una compañera