La rutina es sólo para quien la labra


El es el Pibe del Delivery, el de la yerba y las medialunas, también el de las anécdotas contadas como travesuras, de esas que difieren mucho de lo que el código penal dice y de lo que los duros del guante blanco denuncian.
Ella es administrativa, un estereotipo de mujer: morocha de pelos largos, boca prominente, cintura fina y glúteos extrovertidos (ese tipo de colas que te interpelan. Más: te acusan).
Él acaba de llegar a su mayoría de edad, flaco, menudito (como diría mi abuela), morocho.
Ella, más rápida que el tiempo, está por alcanzar sus treinta.
Todas las mañanas, a eso de las nueve y media, me trae el café con dos medialunas.
A la media hora lo escucho que le lleva a ella un cortado. Así todos los días.
La rutina me hace perder la atención, el piloto automático me filtra todo tipo de novedades. Así me perdí de ver a Los Piojos que tocaron debajo de mi trabajo.
Pero a veces uno, para no sentirse un vegetal, un empleado púdico, decide tomar las riendas de la nave.
No sé si ese momento coincidió con la escena que voy a compartir o ya se venía dando. Un verdadero torbellino de pasiones del otro lado de la mampara, único obstáculo que me separa de la oficina de La Morocha.
Sin más preámbulos. Se viene una historia de sexo.

Escucho que entra en su oficina y ella lo recibe. A continuación el ruido de una bandeja que se apoya en un escritorio. Suena un poco eufórico el saludo y un chuick que se sintió como con succión.
- ¿Cómo estás pibe?
- Acá andamos. Medio fisura. Anoche descontrolamos con el ñeri. Fuimos a dar unas vueltas y terminamos re-tarde.
- Yo estoy aburrida, pero contenta porque es viernes.
- Sí. Termino de laburar y me voy a dormir una siesta así a la noche estoy fresquito.
- Qué calor que hace, ¿no?
- Si. Por lo menos no llueve.
- Pero digo. Vos que andás por todos lados. ¿en todo el edificio hace tanto calor?
- No sé, todavía no fui a los otros pisos.
- Ah... claro. A mi me atendés primero...
- Si. Porque vengo también a traer café a la oficina de un arquitecto.
- Pensé que venías por mí...
- Le dejo el café al arquitecto y vengo para acá.
- Claro. Te desocupás para quedarte un rato conmigo...

Evidentemente hay dos charlas.
De repente vuelvo a mi. Es el teléfono que suena. Sigue sonando, va a seguir sonando.
Vuelvo a mi lugar de espectador.
No se escucha nada. Trato de agudizar mi oído. Lo fuerzo. Nada.

De repente

- Ay, pibe. ¿Cómo me mostrás esto?
- Me lo pasó un pibe que labura abajo.
- Cómo me mostrás esto.
- ...
- Claro. Vos no entendés. Sos muy chiquito...
- Jaja... -la risotada suena un tanto quebradiza
- Qué calor que hace acá
- ...
- ¿Vos no tenés calor?
- ...
- No digas nada. Pero este corpiño me está matando. Date vuelta.
- ...
- Listo. No se nota, ¿no?
- n-no...
- Menos mal que me vine con este pantalón blanco. Viste que la ropa clara es más fresca.
- ...
- Vos con ese jean te debés estar asando...
- s-si...
- Yo no sé como hacen los hombres en verano con los slip. ¿Vos no tenés calor? - ...
- Y... porque no es lo mismo. Nosotras podemos ponernos algo bien chiquito y listo. Es re-fresco. Y cómodo. Con este pantalón casi ni se nota.
- ...
- ¿O si?
- ...
- ...
- n-no...
- Ah... que pícaro que sos nene... te vi que me estabas mirando cuando me di vuelta.
- ...
- ¿Me queda bien?
- ¿Qué cosa?
- Ya sabés
- ¿El pantalón?
- No te hagas el tonti...
- ...
- La tanguita
- ...
- ¡Ey! ¿Te comieron la lengua los ratones?
- No... si... eh, no...
- Ese teléfono saca fotos, ¿no?
- ...
- Dale. ¡Respondeme algo!
- ...
- Bueh... a ver. Prestamelo.
- Sí, tomá. ¿Lo sabés usar?
- Me estás cargando...
- Naaa...
- Ah... también filma
- Si, tiene una re-definición.
- Que groso
- Si. Vale una moneda...
- ¿Y como se filma? No, primero sacame algunas fotos.

Ahí, cuando las palabras ya habían sido por demás redundantes, la imagen pasó a copar la escena. Todo eso pasaba en mi cabeza. ¡Pero yo no tenía imágenes!

- A ver. Sacame una así
- kish!
- ¿A ver cómo salí?
- ...
- Mmm... Mejor sacame una así. Sí, así. Esperá que me bajo un poco el pantalón. Viste que ahora está de moda que el pantalón deje ver un poco la tanguita...
- ...
- Pará que ahora me subo al escritorio.
- ...
- ¿Qué hacés?
- ¿Vos pensás que soy un guachín, no?
- ¿Eh? ¿Te volviste loco?
- Ahora filmemos

El tono de las voces habían cambiado. De repente yo me encontré con la oreja casi pegada a la mampara y trepándome como cuando se me iba la pelota a lo del vecino.

- Pibe. Esto no se lo vas a mostrar a nadie, ¿no?
- Estás loca

¡Eh! ¿Qué pasó?
Me duele la cabeza. ¿Qué hago en el suelo?

- Dalton, ¿Necesitás algo?
- ¿De que te reís?
- ...
- ¿Te comieron la lengua los ratones?
- ...

Y se fue, sonriente.
Esa sonrisa no me la voy a olvidar jamás.
Es la única imagen que me va a quedar de recuerdo.

2 comentarios:

jodida dijo...

jajajajja, muy buen relato! ahora, no se como te pudiste concentrar en acordarte de todos los dialogos.. que esfuerzo sobrehumano! :P

buen finde gente!

continuara??? (cruzando los deditos)

Dalton dijo...

Difícil tarea. pero lo primero que acordé conmigo mismo es que tenía que concentrarme. Tu sabes...

seguramente continue. la esperanza es lo último que se pierde. y la paz lo primero.

buen finde para vos también